lunes, 13 de noviembre de 2023

Abrazos

 

Tres meses tenía Matilda, tres meses lejos de casa. Jamás imaginó lo difícil que sería para ella, no recibir abrazos, como dice ese dicho popular, “nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde.” Matilda empezó a percibir lo importantes que eran los abrazos para ella, cuando dejó de recibirlos. Esa mañana, con ese anhelo intrépido que el alma no suelta, miró al cielo y dijo; - oh, Dios, sé que para ti no hay nada imposible y que todo te pertenece, Señor ¿Podrías conceder el deseo de mi corazón? Con todas mis fuerzas, ansío recibir un abrazo.

Los días pasaron y Matilda enfermó, estuvo en cama, cansada por el paso de un virus callejero que sin compasión había probado la resistencia de sus defensas. Terminado su obligatorio receso, Matilda se levanta y sin esperarlo, un dulce y feliz niño que había dejado de ver su rostro por esas horas se acerca y desde el gozo entrañable que sólo los pequeños muestran, sin reparos, sin temores ni reservas, abre sus brazos y se entrega a un abrazo profundo que deja a Matilda sin palabra, sin aliento. Ella responde tímida, ante tan inesperado evento, pero luego recuerda su súplica ante el cielo. Ha sido concedida su petición, cuando Matilda cae en cuenta de tan magnífico regalo, lágrimas acarician su rostro y ese momento se graba de forma instantánea en el corazón de Matilda.

 

Valora los abrazos que das y recibes

¿Qué sería de nosotros si no existieran los abrazos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

...

Algunos piensan que las guerras ya no existen, esas guerras llenas de sangre, espadas, reyes y traiciones, esas en las que Dios dio la victo...