Como
daga punzante y dolorosa, permanece el recuerdo de mi pecado.
No se desvanece, sino que irrumpe el silencio y los pensamientos.
¿Qué quieres de mí? ¿Deseas que ceda mis derechos y te entregue mi
aliento?
- Si existe un Dios, gritó mi alma, - será mi única esperanza.
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